Un día fuimos al cine
mayo 22, 2011
Un día, fuimos al cine, y el cine estaba cerrado, no había nadie en las calles, las hojas de los árboles tiradas por los suelos hacían demasiado ruido, el viento solo me dejaba pensar. Me temblaba el pulso mirando fijamente la acera empapada de pisadas pasadas. Y la cremallera atascada, las cordoneras viejas, me fuí.
Volví al día siguiente, con las cordoneras nuevas, con botones, por la orilla de la acera limpia, con los parpados hambrientos, el viento allí estaba acompañandome de nuevo, pero el cine estaba cerrado, no sabía leer el cartel de la puerta, parecía importante, me fui.
Un día, volvíamos del cine, con las manos en los bolsillos, pataleando hojas de los árboles tiradas por la acera sucia, demasiado era el silencio, y el silencio me daba miedo, solo a veces me da miedo el silencio, y ese silencio me daba miedo. Saqué el cichle de mi bolsillo, y lo tiré, no estaba lo suficientemente sucia la calle.
Petición de amistad
septiembre 9, 2010
Hola, soy aquel que te ha visto perder a las cartas en la cafetería esta mañana, y el que te ha despedido cuando ibas a mear antes de encaminarte a la peluquería a, imagino, cortarte el pelo. A no ser que quisieras ir allí a escuchar música, pues en la peluquería que yo iba ponen Cadena Ser, y allí podría ver yo, atónito, mientras despegaba uno de mis ojos de uno de esos periódicos caducados, a todos los vejetes moviéndose al ritmo de la adormilarte voz de no recuerdo quién.
Y con una extravagante expresión, aquel tipo me invitaba a sentarme en un clásico sillón acolchado, según iban pasando los años, al sillón no hacía falta reclinarlo tanto, conforme más alta mi estatura, menos alto el sillón, más alto el precio, qué extrañas coincidencias.
¿Cómo lo quiere?
Ese tonillo de usted me resultaba tan curioso al principio, como ridículo pasado el tiempo. Su maña y su simpatía a la par, no murmuraba siquiera una irónica frase acerca del tiempo, ni de la crisis, ni de por qué no compraba un periódico de hoy, en vez de dejar el del domingo para toda la semana, como si las noticias no se renovaran, quién sabe, quizás para él no. Lo único que él renovaba en ese establecimiento era su bolsillo, qué menos que renovara algo más, abrir aquella puerta me recordaba a esas películas donde se viaja en el tiempo, al pasado, claro, deslumbrante pasado repleto de una decoración propia de un estancamiento personal en la discordia de ver pasar los años.
Ya contaba los segundos entre frase y frase, siempre las mismas, siempre oportunas: ¿Así está bien?, a lo que mi valentía por restregarle una vez más, como en tantas ocasiones pasadas, el asqueroso corte de pelo que me había hecho, le contestaba: Sí.
Y en un intento por esbozar mi sonrisa, hipócrita y amarga, aunque invisible esto último a cualquiera de los ojos que no fueran los míos, esperaba la siguiente y última pregunta: -¿le echo gomina?, y si siempre le decía lo mismo, para qué volvía a preguntármelo?, pues no lo sé, ciertamente, es como si él dijera que por qué le pregunto siempre el precio, si ya debería saber que cada vez que vengo es un euro más.
Se despide el hablador, el que tenía la boca llena.
- Petición de amistad enviada –
Susan
abril 10, 2010
- Tienes cerillas?, este mechero no funciona.
- Sí, espera… Aquí tienes. Corre, corre, date prisa…
- Ya voy, ya voy…
Apagaron las luces, las dos se quedaron en silencio. Se aproximaban despacio desde la cocina, evitando hacer ruido con los tacones y por el oscuro pasillo comenzaron a pronunciar aquellas palabras…
- Cuuumpleaaaaños feeeeliz….
Estaban todos en el comedor, sonrisa de oreja a oreja al ver asomar la tarta por la puerta. Hoy cumplía nueve años, estaba sentada de rodillas manchando la silla con los zapatos de barro. Había estado jugando fuera con sus invitados, corriendo y saltando por todo el jardín. Una lluvia caramelizada al tirar de aquella cuerda. Refrescos y patatas en aquella mesa blanca colocada sobre el verde césped. Y a lo lejos, el columpio que hizo el abuelo a mamá, oxidado, apenas se sostenía, sin embargo se dejaba columpiar por los soplidos del viento a pesar de sus chirridos.
- Cumpleaaaaños feeeeliz….
El año pasado no pudimos celebrar su cumpleaños. Aquel día, soleado, caluroso y con unas ganas terribles de irnos todos a la playa a celebrar su octavo cumpleaños, ocurrió lo peor, al finalizar sus clases en la escuela primaria, su profesora llamó a mamá, algo malo había pasado, lo vi en sus ojos cuando aún no había colgado el teléfono.
Cuando llegó al patio de la escuela, allí esperaba la profesora y, cogida de su mano, Susan. Aun recorría su rostro algunas gotas ensangrentadas, y, en su cabeza, un círculo oscuro del que brotaban. La profesora intentaba explicarle, pero no pudo, no sabía, pues algo había ocurrido y ni siquiera Susan pronunció palabra. De vuelta a casa estuvimos todos en silencio hasta la mañana siguiente.
- Te deseeeaaaamos toooodooos….
Hace unas semanas, mamá entró al cuarto de baño, el armario estaba abierto, el botiquín también. Se quedó observando unos instantes y corrió al cuarto de Susan. Allí estaba ella, aplicándose crema en las piernas, torpemente.
Los ojos de nuestra madre se abrieron como platos, tomó las piernas de Susan, observándolas, extrañada, desde los talones hasta las rodillas estaban oscuras.
El doctor dijo lo de siempre, que tomara esas pastillas amarillas.
Yo no tenía muy claro qué eran esas pastillas, lo que sí sabía es que algo raro le ocurría a Susan desde hacía tiempo.
- Cuuuumpleaaaaaños feeeeeeliiiiz….
Todos aplaudieron mientras se colocaba la tarta en la mesa, junto a Susan. El número nueve aun encendido, todos la animaban a pedir su deseo y soplar…
Susan cerró los ojos, espero un instante… y sopló. Abrió los ojos, y cuando lo hizo, todos habían desaparecido del lugar, lo único que hizo Susan en aquel momento fue sonreír una vez más mientras el humo de la vela apagada se desvanecia ante su rostro.
Sonríe
marzo 1, 2010
Sacó la cabeza por la ventanilla del coche, una sonrisa llena de aire frio, los ojos se humedecían, apenas los podía abrir y los mantuvo cerrados, notando la fuerza del viento sobre su cara… sonrisa de oreja a oreja, y una melodía de piano recordada en su cabeza.
Unos granos de arena salpicaban en sus mejillas. Y un retazo de una bolsa quedó pegado en su cara. Al instante se lo retiró, aunque la buena suerte no estuvo de su parte y un insecto considerablemente grande se agarró a sus labios. Así pues, se lo retiró de igual modo.
El viento, suave, continuaba paseándose por sus pómulos, manchados estos a continuación por una elegante cagada de gaviota.
Era una cagada especial, pues la casualidad hizo que tomara forma de corazón. Giró su atención hacia la guantera en busca de un pañuelo, se limpió, y cuando quiso volver su mirada hacia el horizonte mientras el coche tomaba más velocidad… una bolsa negra repleta de restos de comida se aproximaba hacia él. Su sonrisa, imborrable, permaneció firme incluso después de recorrerle esa raspa de pescado de lado a lado. Miró su pañuelo, el pañuelo lo miro a él, no merecía la pena limpiarse, así que optó por seguir mirando al horizonte, desde donde se aproximaba un camión de bomberos escala 1:1, efectivamente, hacia la cara, y cómo no, inmóvil resistió tal golpe. Hilos de sangre ondeando, agarrándose estos a la enorme sonrisa aun presente en su rostro.
Lo bellamente eterno se deja llevar
febrero 13, 2010
Desperté y miré de nuevo por la ventana, esperando encontrar algo distinto al día anterior, y cuál fue mi sorpresa cuando… ¡oh, vaya, todo sigue exactamente igual que ayer! Y así era, aquel banco de madera seguía mirando al norte, el interminable campo de flores resplandecía del mismo modo bañado por los cálidos rayos de sol que asomaban a través de las montañas, y el sonido del río, el agua transparente y fría proveniente de aquellas montañas, se mezclaba con la melodía de cada bandada de pájaros que sobrevolaba los grandes árboles cerca de casa.
El viento hacia mover suavemente los columpios, el verdor de las praderas de más allá y la frescura de un aire puro, el respirar profundamente mientras cerraba los ojos, mis pulmones cargados, y un olor a un nuevo día proveniente de la chimenea, troncos de leña quemados.
Y de cuando en cuando veía caer algún fruto de esos árboles al suelo, y hoja tras hoja se desvanecía como segundos de mi vida, siguiendo el recorrido de alguna de esas hojas con mi mirada, paseando suavemente, alcanzando la máxima altura, y la veía desaparecer, tan alto, tan lejos, y las nubes allá en los cielos, acostado en el más verde de los verdes, deformando las nubes con mi imaginación.
Y es que otro día es igual, aburrido y superficial, y lo bello que es eterno, se ha dejado llevar.
La policia no es tonta
enero 28, 2010
Iba hoy por la calle, aparece un chaval, no sé, tendría quizás… ¿14 años?, bah es igual, he pensado que igual deberia estar en el colegio, pero no, se me ha plantado delante mía a punta de pajita de rayas azules y no he podido continuar mi camino mientras mordisqueaba aquel bocata que, con tanto cariño, mi abuela horas antes me habia preparado a base de.. amor (bueno, pan, sobrasada y queso), a esto que me paro…
“Dame lo que lleveh chacho o te rebiento la cabesa…”
No había podido evitar fijarme en la mancha que llevaba en la camiseta… me recordaba a aquella vez que escupimos mi primo y yo al mismo tiempo a un pobre chaval “que no habia hecho ná” después de estar ambos segregando saliva durante media hora…
Y aun, con la boca llena de pan…
“Si no llevo ná”
cerró los ojos al salpicarle yo en ellos algunas punzantes migas de pan, jojojojo (
)
qué ridicula situción, la verdad…
Cuál fue mi sorpresa cuando, de repente, dos señores de capa y sombrero azul marino, porra en mano, botas en pies y con un acento policial notable…
“Hay algún problema?”
Me dispuse a contestarles, pero aun no habia tragado, y sus caras, extrañadas tras ese intento de explicarme hablando con la boca llena, cambiaron cuando de repente… el chaval con la pajita doblada y desnutrida en la mano… contestó, con unas inexplicables lagrigas recorriendole la cara:
“me ha escupido y me ha intentado someter violentamente con sus tacticas demagogicas, queriendome convencer de que no me haría daño, señor, solo tengo 13 años.. “
Vale, me hizo darme cuenta de algo importante: casi acierto en su edad.
“Con que esas tenemos eh?”, comenzó a decir el guardia de espada, sombrero, capa, bigote, y mala hostia en aumento dirigiendose a mí…
Yo no pude hacer otra cosa que dar otro bocado a mi flamante bocata, la sobrasada caliente y el queso fundido, unidos al crujiente pan, otorgaban de un placer incalculable a mi paladar…
“Venga los papeles del coche”
“Pero oiga, si no tengo coche, estamos andando…” contesté.
“me estás vacilando?, me cago en…….. baja del coche y manos en la nuca”
“pero qué coche, si estamos en la acera hoyga”
Debería haber llevado mi camara en aquel momento, la cara de desquiciado era para recordar. Mas solo pude dar un nuevo bocado a la sobrasada en mi paciencia por hacerle entender a aquel cabellero de espada, capa, sombrero, bigote, uñas, tijeras, extintor y llavero de bob esponja…. que nos encontrabamos en una acera, en la calle, con peatones al rededor, un subnormal de 13 años (que yo juraría que tenia 14 eh…) y dos subnormales más agentes de la ley, aunque bueno, el otro pasaba desapercibido distraido con un cazamariposas intentando atrapar ondas de radio
“el día que le coja la onda… el día que le coja la onda!!…”
total, que en un descuido en el que ambos 3 estaban intercambiando cromos de la liga 96-97 de futbol, donde discutian sobre el peinado aquel de ivan de la peña… tomé mi abrigo del perchero policial y me marché a casa tragando mi ultimo bocado de almuerzo.
Un hilo rosa en una losa
diciembre 12, 2009
Erase una vez un hilo rosa que vivía en una losa, ni siquiera él sabía cuánto tiempo había pasado desde que se desprendió y cayó hasta esa losa, mas él permanecía allí, no podía ver, ni hablar, ni moverse, pero podía oír, cada día se despertaba escuchando los pasos nerviosos de alguien que temía llegar tarde a algún sitio.
Y pasaban las horas de la mañana, notaba el calor del sol, y cuando este se despedía un día más, el frio de la losa lo acompañaba, sentía y padecía, y a la tarde volvía a oír aquellos pasos, aquellos que tanto esperaba durante todo el día y un escalofrío lo recorría cuando escuchaba aquella voz, una voz especial, no podía ver quien pronunciaba tales palabras, no podía ponerle cara a aquella persona, no podía moverse y acercarse hasta ella ni decirle que era ella la que hacía de sus días algo más. Y como no podía hacer nada, esperaba, esperaba y esperaba, y pasaban horas, e incluso a veces días, hasta que volvía a escuchar esa voz que lo despertaba de su tormentoso sueño, donde la oscuridad de su ceguera lo adormecía, y sin el sonido a su alrededor, solo era su pensamiento el que lo acompañaba.
Un día, la ventana estaba abierta y el viento que entraba pudo con él, lo elevó de aquella losa en la que tanto tiempo había permanecido, y estuvo volando por aquella habitación como un descosido, hasta que por fin escapó, escapó por la ventana empujado por la corriente de viento y se alzó a los cielos, volaba, volaba alto, muy alto y… cayó.
Era un lugar diferente, desconocido, desolado, no era una losa, cayó en un charco de barro y dejó de ser rosa, el miedo le acorraló, se volvió negro, un hilo negro en un charco de barro, sin poder ver, sin poder moverse, sin poder hablar, y ahora también sin poder oír, pues solo tenía ese poder para poder escucharla a ella, solo tenía ese poder para poder ser feliz.
Frio verano
julio 30, 2009
Estoy sentado frente al monitor, los dedos húmedos se deslizan por el teclado, mis parpados intentan mantenerse mientras gotas incesantes recorren mi expresión ceñida, acalorada, angustiada. La silla que me aguanta maúlla cuando no puedo mantener la misma posición, cada musculo de mi cuerpo siente una incomodidad desmesurada.
Estoy húmedo, resbalo, y de cuando en cuando, goteo, goteo el sudor que va saliendo descaradamente a través de mis poros, y suspiro, aire, aire caliente, aire ardiendo, mis pulmones parecen estar sumergidos en lava al rojo vivo. La ropa se me pega a la piel, más y más, me agobia, me ahoga, me asfixia, como la masa de aire denso y pegajoso que queda inmóvil en este cuarto. Veo espejismos, las baldosas de la habitación parecen desprender humo, levanto una de mis zapatillas y parte de la goma queda sellada al suelo, parece chicle. Alcanzo la botella de agua y mientras vierto agua en el vaso… esta se va evaporizando, nada llega al fondo del vaso.
Mi respiración se hace cada vez más difícil, abro la boca para coger más aire, pero el aire me irrita la garganta, me quema, no puedo respirar, clavo mis uñas en la pared y resbalo, los puntitos de gotelé se deslizan por la pared mientras mis dedos manchados de pintura ardiente, buscan una toalla en la que limpiarse, no hay ninguna, huele a quemado, la madera de la mesa comienza a prender, intento apagarlo, me ahogo, el humo se hace cada vez más y más oscuro, no veo nada, mis ojos se irritan, sudan mis brazos, mis piernas, mi cara, en el intento de alcanzar la ventana, abrirla y… una masa de aire rojizo en forma de llama entra y me quema la cara, cierro la ventana de inmediato, salgo corriendo de la habitación, la goma de mis zapatos me retiene, pego un grito y hago fuerza, consigo caminar, llego hasta el baño, abro el grifo, solo sale humo, no hay agua, mi boca no tiene ni una gota de saliva, y corro, intento salir de aquel lugar, todo se llena de humo, llego a la cocina, abro el frigorífico, está apagado, la mantequilla deja su rastro a lo largo de toda la nevera por dentro mientras que los yogures quedan arrugados en el rincón de más al fondo.
No hay nada frio, no hay nada con que hidratarme, todo está muerto, todo está ardiendo, todo es polvo, humo, sequia en mis labios, mi piel se deshace, no aguanto el equilibro, me caigo, el suelo me quema, mi respiración no puede ir más rápida, me mareo, veo borroso… mis ojos se cierran.
Estoy en un profundo sueño donde caigo y caigo, no dejo de caer, la tierra se ve a kilómetros de distancia y el aire frio golpea mi cuerpo erizando mi piel, mi ropa se ondea como una bandera y voy sintiendo una inexplicable rapidez aproximándome al suelo donde el aire se hace cada vez más y más fuerte. Cierro los ojos, abro los brazos, caigo, y caigo… faltan pocos metros para llegar al suelo y diviso una piscina tan grande como ninguna, solitaria, azul, brillante, enorme, gigantesca… caigo en ella bruscamente y llego hasta casi tocar un fondo muy profundo, abro los ojos, y miro hacia la luz de arriba, mi pelo se agita entre la fluidez de un agua clarísima, fría, helada, que me pone los pelos de punta, finalmente llego a la superficie. Me encuentro acorralado por una lisa capa de agua donde no veo final, rodeado de palmeras y un sol muy agradable que apenas hace que mis ojos se guiñen. Me aproximo a una especie de base de piedra donde hay una fila de bebidas enorme, no veo donde acaba, granizados de muchos sabores, bebidas con hielo, y todos presentados en unos vasos de cristal tan fríos que una capa de fino hielo los cubren, gotas recorren vidrio hasta la barra y y empapado por la refrescante agua dulce, extiendo mi mano y cojo dos granizados cualquiera, sin pensarlo dos veces los alzo y me los tiro por encima, el hielo molido recorre mi cara, congelándome, temblando mi mandíbula, sintiendo un escalofrío muy gratificante.
Cojo dos hielos y los coloco en mis ojos, noto mucho frio, mi cara comienza a enfriarse más y más, mientras muerdo y saboreo en un prolongado placer las frutas y alimentos que por allí encuentro en una gigantesca barca que se pasea por la piscina. Qué bien me siento, que cómodo estoy en esta hamaca colgada de dos palmeras, y, a lo lejos, cataratas, enormes cataratas, agua, mucha agua, solo hay agua, refrescos, hielo, aire fresco, sol, luz, paz.
ABRIR UNA PUERTA ES FÁCIL SI SABES CÓMO.
julio 27, 2009
ABRIR UNA PUERTA ES FÁCIL SI SABES CÓMO.
Manual básico de cómo abrir una puerta
Introducción
Es bien sabido de todos que el proceso de abrir una puerta conlleva el uso de mano (o manos), el uso del sentido de la vista, y en ocasiones el uso de pie, o incluso pies, así como el oído, pues se ha de saber que el sonido de algunos tipos de puerta determinan si debemos abrir de una forma o de otra, o por si el contrario no es preciso abrirlas. Hay que tener presente, por otro lado, que, dependiendo del tipo de puerta, así como de las condiciones de esta, usaremos más o menos partes de nuestro cuerpo, llegando incluso a necesitar ayuda de una segunda persona, una tercera o muchas más, puesto que existen en el mundo una cantidad de puertas que a pesar de ser limitadas, la cantidad de estas puertas es muy elevada. Se requiere pues de un conocimiento exhaustivo de todas y cada una de las puertas existentes, tarea que, como ustedes sabrán, es muy complicada de realizar.
Es precisamente el problema de tan cuantiosa cantidad de puertas, que un servidor no puede pararse en todas ellas, lo que haré será explicar, con la mayor brevedad y simplicidad posible, ciertos tipos de puertas que podemos encontrar a lo largo de un cotidiano día de determinadas personalidades que más adelante veremos. Así como de estudiar cada una de las puertas de las que se componen diferentes tipos de casas que ustedes puedan conocer tan bien como yo.
Otro apartado importante y que no hay que olvidar es el hecho de que un mismo tipo de puerta puede tener una gran apariencia con una de las especies que yo mismo he determinado, como veremos. Este problema me llevó años de estudio y creo que es sin duda lo que más me ha costado resolver a lo largo de toda mi carrera y que espero en esta obra sea resuelto para que ustedes puedan entenderlo de la manera más sencilla. Aun recuerdo cuando empecé a plantearme el problema de la apertura de una puerta, comencé a tomar notas, clasificaciones, materiales de las puertas, tamaños de las puertas, tipos de cerraduras, tamaños de cerraduras, llaves, llaveros, pestillos… y un largo etcétera.
Durante años me he visto ahogado por la desesperación, conforme llevaba a cabo mi estudio me iba dando cuenta de que todas estas categorías iban en aumento y que sería de una gran sutileza resolver este problema para así hacer más fácil la vida de todos. Comencé entonces a plantearme la forma de llevar a cabo este proyecto, me vi falto de tiempo, ya que anteriormente me dedicaba a seguir patos hasta su estanque, un trabajo agotador, tanto para mi mente como para mis riñones, vendí todas mis pertenencias y me embarqué en un largo viaje para poder ser conocedor de tantas culturas de puertas, de tantos tipos, de tantas formas, tamaños… al principio fue duro, muy duro, y al final también, pero nunca perdí la esperanza de que mi obra sería útil para el resto de la humanidad, así como de cambiar completamente la vida de quien fuera conocedor de esta obra.
Sin embargo, aquel problema que tan difícil se me presentó en un principio y que igualmente lo vi al final de esa larga línea, tuvo como consecuencia de un largo estudio, trabajo, sudor, en ocasiones sangre (por los dichosos filos de los folios blancos), una obra que, como verán, será un antes y un después en la historia de abrir una puerta.
Tal vez nadie se haya parado a pensar qué significado tiene el hecho de abrir una puerta, de pasar a otro lugar, de sentir que uno mismo, sin ayuda (no siempre) de nadie, puede apoyar la mano en un pomo, girar, estirar el brazo y… ya estás viendo otra parte, algo que no estabas viendo antes, es una sensación sin duda despreciable, olvidable y en la mayoría de los casos automática, es por ello que probablemente muy pocos hayan querido promover este movimiento que inicié hace varios años. Es posible que hubiera quien lo intentase, pero, a día de hoy, no se conoce quién pudiera terminar lo iniciado, ni siquiera se sabe si hubo quien lo iniciara, así que me considero afortunado de poder formar parte de la historia siendo pionero en este aspecto.
No insistiré lo suficiente intentado hacer referencia al largo proceso de selección, así como de categorización que he llevado a cabo y que sin duda, ya se ha dicho, es mi más difícil trabajo hasta hoy, espero que no haya más duro trabajo que este en mi vida, pues ha sido agotador, y quisiera compartir mi trabajo con ustedes. Sin más dilación, espero que el trabajo realizado en mis últimos años de vida sea razón suficiente para cambiar algún aspecto de sus vidas, comenzamos.
Conversaciones inmobiliarias
mayo 25, 2009
Situación: siete de la tarde dos amigos tomando una cerveza en la barra de un bar.
-Pues sí, hemos ido mi mujer y yo esta mañana, pero oye… que no nos decidimos… ella quiere una cosa… yo otra… en fin… no nos aclaramos
- ¿qué habéis visto?
- náh… hemos ido a la inmobiliaria y hemos ido en helicóptero a cada una de las islas
- en helicóptero?!!, pero bueno… habréis tardado un montón, cómo es que no habéis ido en avión?
- no lo sé, la chica de la inmobiliaria hablaba de que a a su compañero le había entrado un apretón y estaba usando el baño del avión… pero bueno, a lo que iba.
- sí, que se nos va el tema
- Pues eso, la primera isla no estaba mal… eran… creo… sí, eran quinientos mil metros cuadrados… trescientas mil palmeras, no sé cuantas miles de especies de plantas… pss… mucha fruta, eso sí… me gusta que haya fruta en abundancia pero es que… en cuanto me ha dicho que el garaje no entraba en el precio… he dicho: entonces nada, vamos a ver otra. Así que nada, nos hemos vuelto a subir en el helicóptero… otros pesadísimos 15 minutos hasta la siguiente isla.
- ¿pero estaba cerca de la otra entonces?
- Bueno, casi al lado. Así que nada, hemos llegado… en principio bien… arena blanca y muy fina… temperatura agradable, el terreno era algo mayor, pero en fin… tendremos que contratar más monos para limpiar… pero claro, la chica ya nos ha empezado a hablar de que hay que hacer unas reformas… que si hay que tapizar las hamacas… que si los troncos de las palmeras no son muy claros… en fin, que ya mi mujer se ha puesto un poco negativa: hombre!, cómo es posible esto, yo que vengo a ver una isla en condiciones y me traes a esto.. yo confiaba en la inmobiliaria… que si tal… la chica se ha puesto un poco nerviosa, ha pedido disculpas… en fin, ya te imaginarás, pepe, lo de siempre.
- Claro… si ya me pasó a mi cuando compré la mía, si es que son unos sin vergüenzas todos estos… Entonces qué, ¿habéis ido a ver más?
- Sí, hemos ido a una última pero mira, ni he querido bajar del helicóptero, antes de llegar la chica ya me ha dicho que tenía humedades por todas partes… y ya ves, indignados los dos nos hemos negado a ver la isla, nos hemos vuelto y aquí seguimos, ahora ya ves… en la isla de mi suegra todavía… En fin…
- Nada, no te preocupes, ya encontrarás algo… Jefe! Ponte otro pincho tortilla!