14 de Febrero
enero 22, 2011
Los barcos de papel flotando en nuestro lago, ¿recuerdas?, estoy sentada en el escritorio de Aaron, le veo por la ventana en el jardín correteando entre la hierba y su cometa. Esos barcos de papel que me hacías cada día de Febrero, los veíamos alejarse flotando sobre el lago, tú y yo, cogiditos de la mano, sentados en el desván de nuestros deseos, como a ti te gustaba llamarlo… Hoy he estado allí, he ido a recordarte, todo está como siempre, las hojas caen lentamente, el agua suena igual de especial… ojalá pudieras estar aquí.
Hay días que tu ausencia me distrae, me ahoga, pero puedo pasar horas junto al fuego, quemarme por dentro y no por fuera, evaporando lagrimas de cristal.
A veces oigo tu voz llamándome a lo lejos, soy muy tonta, lo sé, sigo mi instinto e intento buscarte, sea de noche o sea de día, cojo mi jersey y salgo a la puerta… chirría la madera… el silencio me contempla y de brazos cruzados me encojo en un escalofrío, en un gesto de ternura, de esos que tantos sonreías sobre la cama. Nunca pude entender el por qué de tus sonrisas con mis caras de sueño, de enfado, de rabia… siempre sonreías en los buenos y en los malos momentos, y cómo harías para contagiármela, cómo harías para hacerme olvidar cualquier cosa, cómo harías para hacerme sentir tanto sin tener nada y ojalá y estuvieras aquí, sentaditos tú y yo, otra vez, el calor de nuestro fuego con la chimenea apagada…
Siento que los días son tan largos como aquellas historias que te inventabas, cuando yo intentaba dormir y temblaba de miedo en las tormentas de verano, tanto ruido ahí fuera… te acercabas y enredados entre sabanas, en mi oído susurrabas…. Había una vez…
Y nunca sabía si tenían finales felices tus historias, siempre acababa dormida sin saber si aquella botella llegaría a alguna parte, si ese mago empedernido conseguiría su poción…
Y a la mañana siguiente despertarme y encontrar sorpresas de buenos días, regalos de papel que hasta el anochecer me hacían embobarme una y otra vez…
Y sigo esperando, las horas pasan, he descubierto que cuanto más te espero, más te retrasas…
El secuestro de Bob
abril 24, 2010
Akwe
marzo 14, 2010
(…)
El sendero dorado permanecía donde siempre. Aun recordando la última vez que lo atravesé, comencé el camino. Fue allá por los meses de invierno, calurosos mis ojos, aroma de mis recuerdos, larga caminata hacia el enorme castillo, en lo alto del monte Akwe.
Cuenta la leyenda de los pueblos más cercanos, acerca de una de las cuatro torres del castillo, aquella más próxima a la sombra en el día, y a la oscuridad en la noche. Aquella tan distante y tan oscura, cuentan que años atrás… en una de esas noches próximas al año nuevo, con el frio recorriendo cada árbol de aquellos bosques desolados, una estrella iluminó la cuarta torre, durante toda la noche. Dentro se encontraba quien por aquél entonces era considerado como el sabio del monte Akwe, el maestro Efniot.
Era un hombre solitario, ajeno, distante, se desconocía por completo su procedencia, nadie sabía cómo había llegado hasta allí. Ni siquiera los más ancianos aldeanos de la zona, a quienes con enorme respeto se les consideraba sabios del pasado, sabían algo de Efniot.
(…)
